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edición número 20 {Revoluciones} | Concurso de Microrelatos.  
La historia de la muchacha de la limpieza del quinto piso de enfrente y del limpiavidrios suicida y asesino
Por Daniel Jorge Bermúdez (cuarto premio)
 

Me despierto con el sol en la cara. Ayer a la noche  omití correr la cortina de la ventana. Desnudo recorro la distancia hasta la heladera. El agua helada cura las heridas nocturnas. El día, incapaz de sentimientos, sigue su curso inexorable hacia el abismo. Muerdo una tostada húmeda y  siento su asquerosa viscosidad. Me la trago y vuelvo por más agua. Me asomo al balcón y la veo. La muchacha de la limpieza del quinto piso del edificio de enfrente está fregando los vidrios. Tiene el uniforme azul que le da su patrona y que ella no hubiera elegido. La pollera es corta y, desde mi atalaya, le veo el comienzo de las nalgas. Está buena. Hace equilibrio en la pequeña escalera de madera de tres escalones. Limpia el taparrollo y luego los vidrios. Tiene el frasco de limpiavidrios en un bolsillo del delantal. Lo saca, lo acciona y lo vuelve a guardar. Diez veces lo hace. La once, que siempre es la vencida, se le escapa de sus manos húmedas de tanto usar el trapo. Cae al piso, rebota, pega en la pata de la escalera de madera y se desliza por debajo de una protección metálica que tiene el balcón. El frasco de limpiavidrios suicida cae al vacío desde el quinto piso, su muerte contra el pavimento es segura. Doña Antonieta Pereyra venía de realizar una compra de detergente y jabón en polvo para la ropa cuando del cielo le cayó un elemento que la desmoronó en plena acera. La muchacha de la limpieza del quinto piso del edificio de enfrente, asomada al balcón, gritó horrorizada, se tomó la cabeza con ambas manos y desapareció.
La gente se amontonó alrededor de la víctima sin notar el cadáver del frasco de limpiavidrios, despanzurrado a centímetros de la mujer desmayada.


Una señora del sexto piso del edificio de enfrente me esta gritando “Degenerado” Mi desnudez la insulta. No somos nada, pensé.

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